La Paz

 
Ph: Mi compañera de viaje, mi querida y grandiosa amiga Mayra

La Paz nos recibió con un centenar de mamitas descargando los matutes de víveres que luego iban a vender en la feria del Alto, una montaña imposible de sacos y aguayos levantada sobre el techo del bus que demoraron más de una hora en terminar de bajar, en el terminal.

La ciudad construida sobre cerros donde aprendí que todo lo que sube tiene que bajar. Y volver a subir. 

Las calles serpenteantes como en Valparaíso, todas escaleras y recovecos. Adoquines que durante dos meses bajé a la hora de la once para que Gardel me cantara, vendiendo artesanías o bajones.

La Paz está loca, bulle como un caldo en el que bailan juntos cholitas, malabaristas y brujas. Desde el teleférico se ven los desfiles de bailantes ofrendando a la virgen. Cualquier día. En cualquier plaza. Siempre hay una virgen por la cual salir a brindar.

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